Nunca me siento tan feliz como cuando estoy en Roma: Me encanta el clima, la comida y el vino, los majestuosos pinos romanos, el maravilloso aire fresco, beber el agua cristalina que brota de las innumerables fuentes, que siempre parecen surgir cuando más se necesitan, y me encanta perderme en ese laberinto de callejuelas solitarias, con altos edificios, apartamentos de color ocre y persianas verdes. Es casi imposible, romántica, y cuando, inevitablemente, mi estancia en Roma, llega a su fin, toca volver apesadumbrado a Valencia. Pero, como el gran escritor de viajes H.V. Morton escribió una vez: "No se dice nunca adiós a Roma." Sé exactamente lo que quería decir...
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